jueves, 21 de enero de 2010

Sobre la falta de concentración

Nicholas Carr, en una de sus columnas, titulada ¿Será que Google nos está volviendo estoopidos? comenta sobre la pérdida de la capacidad de concentración durante largos períodos de tiempo que ha sufrido.

En la mesa de profesores solemos comentar que pertenecemos a la generación del ajedrez, mientras los alumnos pertenecen a la generación del Pac-Man. El primero es un juego caracterizado por la necesidad de concentrarnos, mientras el otro se basa en reflejos.

Cuando un alumno lee un resumen en la pantalla de su PC, a su vez está atendiendo el chat, escuchando música, y recibiendo mensajes de texto. O sea, la concentración no existe, la atención es dispersa. Esta característica de la vida moderna se ve reflejada en múltiples ámbitos, desde el cambio constante de canales de TV durante la propaganda, hasta lo liviano de las conversaciones donde cada tema dura pocas frases.

No es fácil aprender a concentrarse, la evolución lleva a un cerebro atento a cualquier ruido externo que pudiera ser un predador, la concentración profunda era peligrosa.

Los fabricantes de videojuegos, los animadores de TV, los empresarios de la industria del entretenimiento, y los medios de comunicación son cada vez mas conscientes de este tema.

Ahora bien, una sociedad que ha estimulado a sus integrantes a través de sus celulares, PC, TV, etc., a estar dispersos nos envía alumnos a los que le exigimos concentrarse durante 90 o 135 minutos en un teórico, y esto, para ellos, no es natural.

Las alternativas son, o modificar nuestras formas docentes para adecuarnos al alumnado o modificar a los alumnos. Lo que no debemos hacer es ignorar el problema.

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